• "Dos personas miran al exterior a través de los mismos barrotes: la una ve el fango y la otra las estrellas". Frederic Langbridge.

Copla, o lo que sea , a Luis del Val.


ÓSCAR CRESPILLO/@ocrespillo



Sirva esta breve escritura

de palabras sin sentido

para hablar de un tontito

al que la cabeza se le ha ido.


La edad es tema de respeto

aprendemos de los mayores

pero un famoso columnista

nos ha tocado los cojones.


Años lleva intentando

analizar la actualidad

pasando de SER a COPE

sin parecer casualidad.


Fue en el programa de Herrera

y hablando de Vallecas y cabalgatas

cuando demostró este vulgar sujeto

tener menos cerebro que una rata.


Agradecido estómago de ondas,

mente llena de claustrofobia,

líder entre los líderes

en esto de la homofobia.


No tienes ni vergüenza ni perdón

por insultar a tanta persona.

Apuesto a que si existe Dios

esto no te lo perdona.


Y es curioso que esa emisora

que cobra dinero de la Iglesia

permita tanto insulto tuyo

y tu vejez con amnesia.


Porque te afectan muchos males

y con tu copla lerda

demuestras ser basura mental

al llamar a los gays, maricones de mierda.


Sigue, sigue libre en tu opinión, 

pues en una sociedad baldía

hasta un imbécil como tú

puede cometer herejía.


Opine usted sobre gays,

trans y maricones,

pero no vierta más veneno

en función de orientaciones.


Y ellos a usted le ganarán por los siglos

no solo jugando al teto.

También en dignidad, saber estar

y sobre todo, respeto.








ÓSCAR CRESPILLO/ @OICrespillo

Carta "in memorian".           


ÓSCAR CRESPILLO/ @ocrespillo


Querida, muy querida chiquilla:


     La que se ha liado por estos lares con tu pérdida. No sabes bien cómo está la gente. 

Creo que no me equivoco si te digo que el vacío que has dejado difícilmente será cubierto por nada ni nadie. Pero claro, ¿qué culpa tienes tú de haberte hecho querer tanto?

    Te conozco hace "apenas" ocho años. Y siempre he afirmado que tienes (tenemos) una familia muy "apañá", que decimos por estas tierras alicantinas. Pero creo que no es un secreto a desvelar si afirmo claramente que contigo había una unión especial. De esas relaciones que se tienen con los grandes amigos: sí, esos  a los que puedes pasar meses sin ver pero luego te encuentras con ellos por la calle y te te dan las tantas de la madrugada charlando, bebiendo, riendo y abrazándote como si hubiesen pasado días sólamente. 

  Tenías carácter. Mucho. Pero bien entendido. Tu ejemplo de lucha sería tratado en universidades y colegios si fueses famosa. Porque las y los que somos de izquierdas, cuando oímos aquello de "gran luchadora" nos imaginamos que se trata de alguien que fue una gran sindicalista, una gran política o una magnífica feminista, entre otros ejemplos. Pero tú eras luchadora de la vida.

  Hablando de vida: nunca conocí la tuya totalmente. Pero por  lo poco que pude saber  y al ver las ganas de comerte el mundo que siempre has tenido comprobé  que tú sí eras una gladiadora de este loco mundo.

  

   Sé que tus amigos están muy tristes. Y tu familia, como bien imaginas, mucho peor. El tiempo irá curando algo la enorme herida que se ha producido; aunque bien sabes que jamás cicatrizará del todo. 

  Yo, personalmente, echaré de menos las quedadas que hacíamos en Benidorm. Y el ir al pueblo y no ver que sales a besarnos y a llenar de piropos y cariño a Isabel. Como también añoraré el girarme a tu hermana Luci o a tu sobrina y preguntarles: "¿qué ha dicho que no le pillo una?". Porque, jodía, eras metralleta tanto en coraje como hablando.

   Me despido de tí con estas líneas y una promesa: no te voy a llorar ni una sola vez. No soltaré (ni he soltado) una sola lágrima. Y no porque yo sea lo más duro del mercado, no. Sencillamente no lo haré porque me diste esa lección de coraje, pundonor y optimismo que tanta falta le hacía a mi existencia. Y no lloraré por haberte perdido. Todo lo contrario: sonrío por el tiempo en que disfruté de tu presencia.


    Y hazme un favor: no me revoluciones mucho el sitio donde te encuentres. Ni llenes de cáscaras de pipas la zona. Tú deja una silla con chimenea encendida para cuando yo llegue allí. De la tele no te preocupes: ya sintonizaré los canales como hacía en tu casa. Un beso y quiérenos siempre. Nosotros lo haremos.


       Que la tierra te sea leve, amiga y compañera.

       D.E.P. GLORIA FERNÁNDEZ GARCÍA. 



  


¿Quién paga el dolor de un niño?


Todo apuntaba a que su nueva amiga llegaría para su cumpleaños pero decidimos que llegase antes.

Su nueva amiga no iba a ser una amiga cualquiera. La peque tenía muy claro, a sus cuatro años, que debía ser un "conejoratón". Sí, como suena: todo junto "conejoratón".

Todo era cuestión de pensarlo bien, informarse que se llevaría más o menos bien con el gato que ya hay en casa y poco más.


Elsa llegó a casa hace unas tres semanas. Y la peque se presentó como su nueva amiga Pero para hacerle entender que debía darle unos cuidados mínimos, decidimos en casa darle un nuevo rol: "eres su mamá humana".

Y así, la mamá humana se encargaba de mirar si comía, si cambiaba de piso en la jaula, si dormía más en la hamaca y de decirle cosas preciosas, cual latiguillo incesante: "¿Qué pasa cariño, qué pasa?". Les doy mi palabra que entraba en "búcle" y podía estar perfectamente diez minutos absorta ante Elsa, con su frase favorita y sonriendo de vez en cuando si Elsa se acercaba a olerle la mano o le dirigía algún ruidito que, les prometo, parecían sonrisas.


Elsa salía a pasear por casa dos o tres veces al día. No solía acercarse a ningún humano. Excepto a su "mamá". Y cuando se le subía por la manita hasta su brazo, su "mamá" no cabía en gozo.


El jueves, la peque se quedó a dormir a casa de unos amiguitos. Le prometimos que Elsa estaría bien cuidada y que no se preocupase. ¡Le hacía tanta ilusión quedarse con ellos! 

El problema vino al día siguiente: mi esposa y yo nos levantamos y ella fue, tras desayunar, a ver a Elsa y sacarla a dar su paseo matinal por esa  senda que es el pasillo de casa. Pero Elsa no se movía. Tenía un ojo cerrado y el otro semiabierto. Respiraba con mucha dificultad. Y en el pasillo no hizo ni ademán de huir de nosotros.

Saltó la alarma y fuimos al centro veterinario. Allí, la veterinaria advirtió de lo que ocurría: Elsa se había quedado sin vitamina C fruto de no comer pimiento rojo. Y estaba malita, muy malita. La veterinaria supo que era falta de esa vitamina al decirle qué alimentos componían su dieta. Y efectivamente, pimiento tuvo pero no lo quería. Así que Elsa tuvo que quedarse allí.


Lo asombroso, lo indignante, lo que más dolor me produjo fue la aseveración de la doctora de animales, como decimos en casa: "Este animal tiene unas cuatro semanas. Vosotros lo tenéis unas tres. Es decir, os la vendieron con una sola semana como mucho. Fijáos si es bebé que aún no puedo saber ni el sexo que tiene. Esto es una poca vergüenza porque las venden como más adultas, las "destetan" y no son pocos los casos que el animal se muere por este motivo".

Sí, la verdad es que hubo cosas raras cuando fuimos a por Elsa a su lugar de venta: los empleados, al menos los que fueron requeridos por nosotros, no parecían tener la formación adecuada para una tienda de ese tipo. No sabían el stock que tenían de jaulas, ni los precios, ni sabían decirte la edad de los amigos que estaban a la venta. 

No, no es esto una crítica hacia ellos. La formación profesional ha de ser cosa de la empresa. Y el vigilar que, cuando hablamos de sentimientos, porque convendrán conmigo que tener un animal es porque hay sentimientos o se van a producir, vaya todo bien también es cosa de la empresa que explota este negocio. Y en el caso que nos ocupa, a tenor de lo vivido en la familia, y ayudados por las palabras de la doctora, esta tienda no parece cumplir ninguno de los requisitos mínimos exigibles en cuestión de asesoramiento y venta. 

No vamos a emprender campaña alguna contra esa tienda. Ni vamos a decir que es   nueva y está ubicada en el centro comercial Isla de Corfú de Alicante. No, no lo haremos. 


Solo nos queda el dolor de unos padres que este viernes tuvieron que ver las lágrimas desconsoladas de su hija de cuatro años cuando tuvimos que comunicarle que su inseparable compañera estaba en el hospital y que seguramente acabará yendo al arcoiris con el resto de animalitos de la tierra.

Solo nos queda el derecho a la pataleta al ver que nuestra peque no quiere que vaya al arcoiris porque "os prometo que la voy a cuidar mucho".

Solo nos pertenece digerir que no cumplimos nuestra promesa de que Elsa iba a estar bien esa noche.

Solo nos queda esperar la mala noticia. Y poder decirles, queridas y queridos, que tengan cuidado con qué compran, cómo lo compran y a quién lo compran. 

Los sentimientos no tienen precio, pero si los tuviesen, ¿quién paga el dolor de un niño?

Óscar Crespillo/ @OICrespillo

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